CARIES DENTAL

 

La salud bucodental es un ámbito de la salud general de los individuos. Una mala salud bucodental incidirá negativamente sobre la salud y el estado nutritivo del individuo en general, así como el mal estado nutritivo del paciente provoca un mayor riesgo en la salud bucodental del individuo. Así pues, ambos elementos se retroalimentan.

La caries es una enfermedad infecciosa de los dientes en la que se degradan de manera gradual las distintas estructuras como esmalte, dentina, o pulpa con lo que al final, si no se pone remedio a tiempo, dará lugar a la pérdida de la pieza dentaria. La caries es una de las enfermedades más extendidas en la especie humana. La incidencia de la caries, no obstante, ha disminuido en los últimos años en un 50% en la población infantil.

Cuando la caries afecta sólo al esmalte, no produce dolor. Si la lesión avanza y llega al tejido interior del diente, es cuando aparece el dolor, que a veces es intenso y se desencadena al tomar bebidas frías o calientes. A medida que la infección progresa, se produce el paso a los tejidos blandos que rodean el diente, apareciendo el flemón que buscará salida hacia el exterior a través de la encía.

Existen cuatro factores que pueden incidir en la caries dental:

A pesar de que no existen métodos que muestren con exactitud la cariogenicidad de los alimentos, se pueden agrupar en alimentos de mayor riesgo, riesgo medio y menor riesgo. El PH que se produce en la cavidad bucodental transcurridos unos minutos después de la ingesta del alimento, determinan su peligrosidad. A continuación, se ofrece una lista según el riesgo:

Alimentos de alto riesgo:

Uvas
Galletas
Chocolate con leche
Snacks
Patatas fritas
Frutos secos dulces
Chucherías
Alimentos que se quedan pegados a los dientes como los caramelos o alimentos de alta viscosidad.

Alimentos de riesgo moderado:

Peras
Manzanas
Melocotones
Zumo de naranja o de uva
Refrescos o bebidas dulces

Alimentos de bajo riesgo:

Carne
Pescado
Jamón
Queso
Frutos secos en general
Verduras
Hortalizas
Huevos

La peligrosidad de los alimentos para la formación de la caries dental, aunque guarda relación con su cantidad de azúcar, no es directamente proporcional pues según el tipo de glúcido que contenga se van a formar diferentes productos de la fermentación por parte de los microorganismos. De forma general, se puede afirmar que los alimentos más cariógenos serán los más viscosos y los más acidógenos, es decir, los que más ácidos formen.

Algunos alimentos o determinadas prácticas, tienen la virtud de prevenir la caries, es decir, son anticariogénicos.

Así por ejemplo, masticar alimentos que inducen a una mayor salivación como son la sal, frutas y especias reducen el riesgo cariogénico así como el consumo de alimentos ricos en calcio y fósforo como por ejemplo los productos lácteos. Otro factor anticariogénico es el queso que puede anular el efecto producido por los alimentos cariogénicos si son ingeridos un poco antes o después de la comida. Mascar chicle después de una comida es otra medida muy recomendable ya que éste ejerce un efecto de cepillado sobre los dientes e incluso también el del hilo dental. Es preferible mascar chicle con xilitol o sorbitol (edulcorantes) en lugar de con azúcar, pero incluso aunque se masque chicle con azúcar se estará ejerciendo un efecto protector sobre los dientes. No es recomendable dejar a los niños con el biberón durantes más de 15 o 20 minutos y menos todavía si estos están empapados con miel o con cualquier otra sustancia dulce.

No son convenientes ingestas muy frecuentes de alimentos (no más de 5-6 al día) y, siempre que se pueda, se debe cepillarse los dientes inmediatamente después de la ingesta. En caso de que la situación no sea propicia para el cepillado de los dientes, se aconseja tomar un chicle a poder ser edulcorado sin azúcar o procurar acabar la comida ingiriendo queso. Cualquier medida como cepillado, enjuagues con flúor, antisépticos etc. que ayude a destruir los microorganismos o eliminar la placa, puede ser de utilidad para prevenir la caries dental.

Otra medida que se está aplicando para la prevención de la caries es la de fluorar las aguas de consumo  El calcio y el fósforo forman la hidroxiapatita que es el material de los dientes, pero si además se le añade flúor, se formará la fluoroapatita que es más resistente. A pesar de que alimentos como pescados, té, espinacas, etc. aportan cantidades significativas de flúor, la fuente principal suele ser el agua de consumo, y en algunos lugares las cantidades que tienen esta agua en cuanto al flúor suelen ser bastantes escasas por lo que se recurre a la fluoración que se suele realizar de tal forma que las aguas de consumo tendrán finalmente un contenido aproximado de unos 0,8 p.p.m. o lo que es lo mismo unos 0,8 mg. / litro. Otro tipo de medida es fluorar tan solo el agua de los centros escolares con cantidades superiores, del orden de 4 p.p.m. dado que los niños sólo permanecen en el centro durante una parte del día. Los enjuagues y pastas dentríficas también suelen contener flúor, y en grandes cantidades con lo que no es conveniente ingerir la pasta de dientes en cantidades significativas, algo que, por suerte, no es frecuente.

El problema que presenta el flúor es que los niveles de ingesta adecuados no son muy lejanos a los niveles de ingesta excesivos pudiendo aparecer la fluorosis. La fluorosis es una hipomineralización del esmalte del diente producido por una ingesta crónica de flúor en cantidades excesivas. El esmalte aparece opaco con estriaciones y con manchas blancas, amarillas, e incluso oscuras en los casos más graves. Este exceso se puede dar por ingestión de aguas excesivamente fluoradas, ingestión de pastas de dientes o un cúmulo de circunstancias como ingestión de aguas fluoradas, ingestión de pasta de dientes, enjuagues, uso de suplementos, etc. En este sentido, parece recomendable que las pastas de dientes que suelen tener una concentración de flúor del orden de 1.000 p.p.m. reduzcan su contenido a la mitad o la cuarta parte.

Además del flúor, hay otros minerales implicados en la formación de los dientes como el iodo, vanadio o hierro, y algunas vitaminas como la vitamina D, A o C. Conviene, pues, que los niveles de estos micronutrientes en las personas sean adecuados mediante una dieta equilibrada.