
DIABETES
Más de 100 millones de personas padecen en el mundo la diabetes mellitus, por lo que constituye uno de los principales problemas de salud. El número de personas diabéticas está aumentando, por un lado el envejecimiento progresivo de la población, y por otro los cambios en el estilo de vida y de la dieta son las causas más importantes. El perfecto conocimiento de la enfermedad por parte del diabético es un factor clave para que éste controle los problemas que se pueden derivar en su salud.
¿Qué es la diabetes?
Cuando ingerimos hidratos de carbono, éstos son digeridos y transformados en glucosa. Cuando sube el nivel de glucosa en sangre, las células beta del páncreas son estimuladas y se segrega insulina que actúa como si fuese una llave que abre las “puertas” de las células del cuerpo permitiendo la entrada de la glucosa para la obtención de energía disminuyendo así, la glucemia. Por otro lado, parte de la glucosa es transformada en glucógeno y almacenada en el hígado y músculos, y si sigue existiendo glucosa en exceso, es transformada en grasa y almacenada de esa forma en el tejido adiposo de las diferentes partes del cuerpo. Si las células beta del páncreas no producen insulina (diabetes mellitus tipo I), o los receptores de la célula no funcionan (diabetes tipo II), la glucosa no puede penetrar en las células y se sufrirá carencias de nutrientes.
Cuando las células del diabético no pueden utilizar la glucosa, el hígado libera el glucógeno almacenado aumentando los niveles de glucemia todavía más ya que en realidad el problema no es que en la sangre había poca glucosa sino que no podía ser introducida en las células. Cuando la glucemia es superior a 180 mg./L, los conductos renales no pueden reabsorber la glucosa y al tener un poder osmótico grande, es expulsada junto con grandes cantidades de agua y sales minerales provocando la deshidratación de las células. Como consecuencia de las pérdidas altas de energía y agua, se producen episodios de polifagia (mucha hambre), polidipsia (mucha sed) y fatiga, síntomas característicos de la diabetes. Dado que el organismo no puede obtener energía a través de los hidratos de carbono, la intentará conseguir a partir de proteínas por lo que habrá a la larga pérdida de masa muscular, y a partir de las grasas que producen ácidos cetónicos en grandes cantidades disminuyendo el PH de la sangre. Si no se diagnostica y trata la enfermedad, a larga se producirán entre otras alteraciones, problemas de visión, que en los casos más graves pueden conducir a la ceguera, e incluso el coma y la muerte.
Claves para tratar la diabetes
Si la diabetes es tratada de forma correcta, no ha de suponer una barrera al paciente para llevar una vida normal. Es fundamental que el diabético conozca en profundidad su enfermedad para que sepa cómo actuar en cada momento. Si el diabético lleva un ritmo de vida ordenado en relación a su dolencia, podrá disfrutar de una salud tan buena como cualquier otra persona. Es esencial que el diabético mantenga estables sus niveles de glucosa, y tenga la menor cantidad posible de picos de glucosa alta y baja en sangre ya que cuantos más episodios existan a lo largo de su vida, más peligro de deterioro corre su salud a largo plazo. Así, la enfermedad debe ser tratada desde cinco enfoques diferentes: el tratamiento médico, el ejercicio físico, el autocontrol, la educación, y la dieta.
Soy diabético, ¿Cómo debo comer?
Es muy importante que el diabético aprenda a elegir los alimentos que le convienen para no verse perjudicado por los problemas derivados de la diabetes. El médico debe ser de gran ayuda en este aspecto.
Una alimentación adecuada del diabético ha de ser variada, e incluirá cinco comidas al día -para que la energía esté muy distribuida al cabo del día y no haya grandes subidas de los niveles de azúcar en sangre-, con pocas grasas para mantener un peso saludable, y también restrictiva en la toma de azúcares simples, alimentos muy procesados, alcohol, y bollería industrial, y abundante en alimentos integrales -por su contenido alto en fibra, ayudan a que el azúcar pase al torrente sanguíneo de forma gradual-, fruta y verduras. La pirámide alimentaria es de gran ayuda educacional para el diabético. En la parte alta de la pirámide se incluyen los alimentos que hay que tomar con moderación -por eso están en la parte más pequeña de la pirámide- y en la parte baja que tiene una superficie mucho mayor, se incluyen los alimentos a ingerir de forma abundante. La sal es otro “enemigo” de la dieta teniendo en cuenta las altas cantidades de las que se suele hacer uso normalmente. Por el contrario, los edulcorantes son de gran ayuda ya que aportan sabor dulce sin incluir azúcares en su composición.
Existen tablas de índices glucémicos especialmente indicadas para diabéticos. Estas tablas nos dan idea de en qué medida los diferentes alimentos hacen incrementar los niveles de glucosa en sangre de forma que aquellos con menor índice glucémico serán los más beneficiosos. Por ejemplo, la maltosa y la glucosa son los de mayor índice glucémico con valores de 110 y 100 respectivamente mientras que la fructosa tiene un valor de 20 con lo que será un azúcar mucho más aconsejable. Alimentos con bajo índice glucémico son por ejemplo: las frutas por contener fructosa como azúcar, los alimentos integrales por su contenido en fibra, las verduras por su bajo contenido en azúcares, la leche y las legumbres.
Una buena dieta a nivel global contendrá un 10-15% de energía proveniente de proteínas, un 30% de grasas y un 55-60% de hidratos de carbono de los cuales la inmensa mayoría han de ser complejos y sólo un bajo porcentaje simples. En cuanto a las técnicas culinarias, serán preferibles aquellas que incluyan poca grasa como el asado, la plancha o la cocción.
En los últimos años han aparecido multitud de productos para los diabéticos que apenas solían disfrutar de los dulces. La variedad de postres acompañados del mensaje “con fructosa”,”sin azúcar añadido”,”apto para diabéticos”, etc. es muy grande actualmente, pero ha de hacerse una buena lectura del etiquetado de los mismos para saber bien qué es lo que nos vamos a meter a la boca y sus consecuencias. Hay que aclarar, porqué suele llevar a equívocos, que el hecho de que en una etiqueta se indique “apto para diabéticos” de ninguna manera querrá decir que se puede ingerir tanto cuanto se quiera, incluso en ocasiones, atendiendo al etiquetado, no son aconsejables en absoluto.
Cuando el azúcar se sustituye por edulcorantes sin calorías (sacarina, aspartame, ciclamato), o edulcorantes del tipo polioles, o azúcares alcohol (sorbitol, maltitol, xilitol…), efectivamente representa una excelente oportunidad para disfrutar del dulce disminuyendo los riesgos que representan sobre la salud del diabético. No obstante, siempre se ha de consumir con sus debidas precauciones y consultando el etiquetado para saber cada porción de dulce, cuántos intercambios de azúcar suponen. Además, se han descrito por parte de diabéticos episodios de diarrea y digestiones alteradas por altos consumos de edulcorantes. Hay también en el mercado alimentos con fructosa, que son elaborados a partir del enzima llamado glucosa isomerasa que cataliza la transformación de la glucosa en fructosa. La fructosa es un azúcar con una ventaja indiscutible para las personas diabéticas: produce subidas mucho menores en el nivel de glucosa en sangre y no estimula la secreción de insulina. Por tanto, los diabéticos pueden consumir productos con fructosa y disfrutar así del placer que proporciona un dulce sin que se altere su nivel de glucemia, siempre y cuando no abusen de su consumo. Por contra, los alimentos con fructosa para los diabéticos suelen ser habitualmente bastante más caros que los habituales. En cualquier caso, siempre hay que insistir que ningún producto se puede consumir en cantidades exageradas y siempre hay que consultar el apartado de ingredientes que figura en el etiquetado.
Todos los diabéticos sufren en algún momento de su vida episodios de hipoglucemia (niveles bajos de glucosa en sangre) pues a veces aparecen aún cuando se han hecho las cosas de forma correcta. Ante esta situación conviene que tanto el diabético como sus personas más cercanas sepan cómo han de actuar para que no empeore el problema cuando se presente. Los síntomas típicos de hipoglucemia son la aparición de temblores, mareos, palidez, sudoración, hambre, debilidad, dolor de cabeza, sensación de hormigueo en la boca, y dificultad para prestar atención o confusión, y en las hipoglucemias más extremas, hasta pérdida del conocimiento. Para tratar una hipoglucemia, hay que administrar al diabético algún tipo de azúcar; existen tabletas de glucosa de venta en farmacias, o fruta, caramelos, etc. Otra buena solución es inyectar glucagón al paciente (de la misma forma que se hace con la insulina). Es fundamental tratar el problema cuanto antes para que no empeore. Por ello, es necesario que el diabético esté acostumbrado a llevar consigo alguna de las soluciones citadas, como por ejemplo una pieza de fruta, para que se pueda atajar el problema a la mayor brevedad. Si, a pesar de haber ingerido sustancias azucaradas, pasados 15 ó 20 minutos no ha subido el nivel de glucosa en sangre y los síntomas persisten, habrá que repetir el tratamiento. En ocasiones puede ocurrir una pérdida súbita del conocimiento sin que se hubiera presentado la sintomatología anteriormente descrita, en cuyo caso se aconseja llamar lo antes posible a un servicio médico. En cualquier caso, siempre que exista una duda sobre cómo actuar, lo mejor será solicitar el asesoramiento del personal médico lo antes posible para evitar complicaciones más graves