INTOLERANCIA A LA LACTOSA


La intolerancia a la lactosa es muy frecuente en la población adulta, de tal manera que en Europa se estima que más del 50% de las personas lo padecen, variando este porcentaje acusadamente según la zona de Europa de que se trate, y la etnia de las personas. La población joven suele padecer intolerancia a la lactosa en menor medida que la población adulta.

La intolerancia a la lactosa se debe a la disminución de actividad de la lactasa que es una enzima disacaridasa intestinal y se puede deber a causas congénitas, o bien puede ser secundario a enfermedades del intestino delgado como enteritis virales, enfermedad de Crohn, etc.

La lactosa es el único azúcar abundante proveniente del mundo animal, y es el azúcar de la leche de manera que la podemos encontrar en los alimentos lácteos.

Es mucho más frecuente la deficiencia de lactasa intestinal que su ausencia, de manera que los pacientes con intolerancia a la lactosa suelen tolerar pequeñas cantidades de lactosa que son variables según cada individuo.

La lactosa no digerida avanza a lo largo del tracto gastrointestinal y por equilibrio osmótico se rodea de agua, más tarde es sometida a fermentación por las bacterias del colon, en el intestino grueso, lo que produce cantidades significativas de ácidos grasos, dióxido de carbono e hidrógeno, originándose dolor cólico abdominal, meteorismo y episodios diarreicos. Estas consecuencias pueden aparecer de forma variable en el tiempo, rondando desde unos minutos hasta varias horas.

Para conocer el grado de tolerancia a la lactosa que poseen las personas de forma individual, es conveniente iniciar una dieta con ausencia de lactosa e irla incluyendo en la dieta en cantidades progresivamente mayores de forma gradual para ver en qué momento aparecen los episodios expuestos con anterioridad.

La lactosa es tolerada mejor si el alimento que la contiene va acompañado de otros alimentos ya que la digestión se hace más lenta y da más tiempo a que la lactasa actúe sobre su sustrato. Alimentos que hacen más lento el tracto gastrointestinal son los alimentos sólidos y ricos en fibra. Igualmente, es conveniente que los alimentos lácteos sean de alta viscosidad ya que se producirá el efecto expuesto con anterioridad en mayor medida que si utilizamos alimentos lácteos menos viscosos.

Otra medida de utilidad es utilizar fármacos con lactasa que se pueden adicionar a la leche 24 horas antes de consumirla de manera que cuando la ingerimos, gran parte de la lactosa de la leche ha sido hidrolizada a glucosa y galactosa desapareciendo, por consiguiente, el problema.

El yogur y la leche fermentada pueden mejorar la digestión de la lactosa atenuando los síntomas de la intolerancia. Este hecho es debido a que los microorganismos contenidos en estos alimentos tienen enzimas beta-galactosidasas, por lo que parte de la lactosa contenida en el producto lácteo es hidrolizada.

Los pacientes con intolerancia a la lactosa severa deben plantearse, siempre asesorados por su médico, la ingestión de pastillas de calcio dado que la imposibilidad de ingerir productos lácteos generarán a largo plazo deficiencia en este mineral cuya gran fuente alimentaria son, precisamente, los lácteos.