LIMPIEZA E HIGIENE DE LOS ALIMENTOS


A NIVEL INDUSTRIAL


Desde el momento en que se recolectan las cosechas y sacrifican los animales, se estará en contacto con contaminantes y componentes indeseables que se han de eliminar dejando la superficie del alimento limpia para posteriores procesos.

Se puede encontrar suciedad de diferente índole:

Metales: Tornillos, tuercas, alambres, etc.
Minerales: Tierra, arena, piedras, etc.
Vegetales: Vainas, palos, cuerdas, cáscaras, ramas, hojas, tallos, huesos, etc.
Animales: Excrementos, pelos, huesos, insectos, ratones, etc.
Residuos químicos: Fertilizantes, insecticidas, herbicidas, plaguicidas, etc.
Componentes de origen microbiano: Residuos que dan olores, olores, toxinas, etc.

Eliminando la suciedad del alimento se consigue proteger la maquinaria que va a procesar el alimento posteriormente al eliminar piedras, tornillos, etc. que la pueden dañar. Por otra parte, se protege la salud del consumidor y por último se ahorra dinero de tiempo gastado en procesar compuestos no alimenticios.

La limpieza se debe hacer tan rápido como sea posible para así evitar que se pierda material por contaminación microbiana posterior.

Existen en la industria dos tipos de limpieza: limpieza seca y húmeda. El uso de uno u otro método irá en función del tipo de contaminante y alimento. Los métodos húmedos en general son mejores pero presentan el problema que se necesita un gran volumen de agua que cuesta dinero y genera un gran volumen de efluentes. Por ello, el agua se suele reciclar tras filtrarla y depurarla. Si se usa agua caliente, se deben vigilar los tiempos de contacto y temperatura para no favorecer el desarrollo microbiano.

A continuación vamos a ver los distintos tipos de maquinaria que se utiliza para cada uno de los métodos de limpieza:

LIMPIEZA HÚMEDA:

Inmersión: Un tanque con sistema de agitación bien por burbujas de aire o bien por paletas. La materia prima flota y la porquería va al fondo. La materia prima se introduce y se saca con una cinta transportadora.

Aspersión: Se trata de un tambor giratorio con duchas que riegan la superficie del producto con aletas para que el producto avance. Igualmente se puede utilizar una cinta transportadora con rodillos para que el producto presente todas sus caras. Habrá que tener en cuenta el volumen, presión de agua, temperatura, número de duchas y la distancia entre la ducha y el alimento. Por este método se pueden dañar materiales blandos y frágiles como fresas, espárragos, etc.

Flotación: La estructura consta con una serie de tanques consecutivos con una ligera inclinación. En el fondo del tanque hay una válvula que suelen abrir para eliminar los sólidos acumulados.

En el escaldado también se da limpieza del alimento aunque no es la finalidad de este proceso.

Existen otros métodos de limpieza húmeda como baños de espuma, cepillos y ultrasonidos. Los ultrasonidos son una serie de tensiones y relajaciones que se producen en el agua que provoca que la grasa y el polvo se suelten de la superficie del alimento. En cualquier caso, de momento este método no es demasiado utilizado en las empresas alimentarias.

LIMPIEZA EN SECO

Se emplea en productos resistentes de pequeño tamaño y poca humedad. Son métodos más baratos y menos aparatosos pero presentan el inconveniente de que forman polvo y se pueden producir explosiones cuando la concentraciones en el aire se aproximan a los 30 mg. / l. Además el polvo es peligroso para el trabajador que habrá de llevar mascarilla para no respirarlo.

AIRE: se pasa el alimento por unas cintas sin fin consecutivas a distinto nivel con ráfagas de aire entre cinta y cinta que hace que el material pesado caiga dado que la ráfaga no va a ser lo suficientemente fuerte para arrastrar a este material, y el más ligero sea transportado hasta la siguiente cinta.

Otro tipo de limpieza por aire se lleva a cabo con flujos de aire hacia arriba que lleva el material ligero hacia arriba y el pesado cae. Se puede regular la fuerza que lleve el aire según interese y así separar el material ligero del medio y del pesado.

Por métodos físicos, se aprovechan las propiedades de las partículas. Por ejemplo con una cinta sin fin inclinada en la que el material que rueda caerá hacia abajo y el resto será arrastrado por la cinta.

Igualmente existen separadores magnéticos en los que se coloca un imán sobre la cinta transportadora y se capturan las sustancias férricas. Hay que estar pendiente de limpiar el imán periódicamente porqué de lo contrario al sobrecargarse el imán por exceso de carga, ésta puede ser arrastrada por la materia prima que está pasando de forma continua. Los electroimanes se pueden vaciar cortando el suministro eléctrico, pero presentan el inconveniente de que si hay un corte de suministro eléctrico accidental la suciedad se irá con el resto del alimento. Actualmente, se está imponiendo la utilización de detectores de metales ya que detectan compuestos férreos y no férreos. Cuando se detecta un metal si es ligero se expulsa mediante una corriente de aire y si es pesado se elimina a través de una especie de braza mecánico.

Existen otros métodos de separación física como separadores de orificios de discos, etc.

A NIVEL  DE PEQUEÑOS ESTABLECIMIENTOS

En este caso, vamos a exponer una serie de medidas muy sencillas y que dan un extraordinario resultado para mantener la higiene:

Los alimentos en malas condiciones pueden producir trastornos gastrointestinales, diarreas, vómitos y enfermedades más graves como hepatitis. La población más expuesta a estos trastornos son los niños, ancianos y personas inmunodeficientes.

El manipulador de alimentos deberá tener presente lo siguiente:

A NIVEL DE CONSUMIDOR

Los alimentos una vez adquiridos por el consumidor, han de ser manipulados siguiendo unas pautas según el alimento de que se trate para favorecer su conservación e inocuidad. A continuación se ofrecen una serie de consejos para no echar por tierra el trabajo llevado a cabo en la industria agroalimentaria para salvaguardar la inocuidad del producto en venta y lo que es más importante, para salvaguardar la salud del consumidor:

La OMS (Organización Mundial de la Salud) propone diez reglas de oro para seguir:

  1. Elegir alimentos tratados higiénicamente.
  2. Cocinar bien los alimentos.
  3. Consumir inmediatamente los alimentos cocinados.
  4. Guardar cuidadosamente los alimentos cocinados.
  5. Recalentar bien los alimentos cocinados.
  6. Evitar el contacto entre los alimentos crudos y los cocidos.
  7. Lavarse las manos frecuentemente.
  8. Mantener escrupulosamente limpias todas las superficies de la cocina.
  9. Mantener los alimentos fuera del alcance de los insectos, roedores y animales domésticos.
  10. Utilizar agua potable.

Como se puede ver ningún consejo es difícil de seguir y si nos fijamos, casi todo lo que se propone tiene bastante sentido común, por lo que seguir unas pautas higiénicas al manipular los alimentos no es una tarea muy difícil si se presta un poco de atención.